Más vale tarde que nunca

Aunque ya poco se puede hacer por recuperar este edificio histórico, al menos ya se están realizando labores para lograr mantener su fachada principal, un bello ejemplo de arquitectura doméstica del siglo XVII...
Lástima que no se hubieran puesto los medios antes para evitar su destrucción.
Menos da una piedra!


Un rincón con mucho arte


Busca las 7 diferencias

Además de las diferencias lumínicas del día, creo que con estas imágenes se hace patente el diferente aspecto que puede presentar el Claro Bajo de San Isidoro con coches y sin ellos. 
Se hace patente la necesidad de mejorar el aspecto que ofrece este rincón ubetense, con el fin de resaltar su belleza, eliminándose este pequeño e improvisado parking y dando facilidades a los vecinos para que puedan aparcar en otro lugar cercano. 


Ya es primavera (en el Hospital de Santiago)

Se nota que ya se acerca la primavera, la Naturaleza empieza a desperezarse y a invadir todo con su manto verde. Si embargo, hay sitios en donde no deberíamos permitir que ello suceda y uno de esos sitios es el Hospital de Santiago (habría muchos, pero sería un listado muy extenso). 
No estaría de más dar un repaso a los tejados y quitar hierbas, a fin de evitar problemas mayores de humedades y goteras próximamente. 
Una pequeña tarea de mantenimiento y se evitarán costosas labores de reparación.




Descubre su interior

Paseando junto a Santa María observo la presencia de una inmensa lona dispuesta en el lateral de la fachada, que prácticamente oculta las dos ventanas de la antigua casa rectoral. Se trata de un recurso turístico para atraer visitantes, para que vean qué se pueden encontrar al interior del templo.
La pregunta es: ¿No tendrían otro sitio para poner el cartel? De hecho, en la zona interior del templo, junto a la entrada, cuelga una lona similar que, por su ubicación, está mucho más discreta...


La verdad es que se podría plantear fomentar más el acceso turístico a otros edificios de la emblemática Plaza Vázquez de Molina, así que aquí va mi particular campaña "Descubre el interior". 
¿Veremos algunas lonas así colgando de nuestros emblemáticos monumentos? Esperemos que no cunda el ejemplo!

 

Nuevos productos turísticos

Durante el mes de enero se ha llevado a cabo la Feria Internacional de Turismo (FITUR) de Madrid, de la que tanto se ha hablado y en la que se han vendido las bondades del binomio Úbeda-Baeza, la belleza de los parques naturales de la provincia de Jaén, así como numerosas rutas culturales como la Ruta de los Castillos o el Viaje al Tiempo de los Íberos.
Todos los años se va a Madrid con el deseo de mostrar lo mejor de nuestra ciudad, deseando ofrecer cosas nuevas. Éste año ha tocado el hotel de cinco estrellas (que esperemos sea una realidad muy pronto), el centro de interpretación de la muralla (aún no inaugurado y ya sufriendo daños vandálicos) o las instalaciones para congresos que ofrece el Hospital de Santiago (plenamente desbordado de actividades, y que necesitaría rápidamente plantear una reestructuración de funciones y espacios).
Precisamente, debido al deseo por la novedad, por ofrecer algo nuevo al visitante, desde aquí plantear una serie de propuestas que no serían demasiado costosas ni complicadas de llevar a cabo, y que redundarían en la recuperación de nuestro patrimonio y en ampliar la oferta a los visitantes.
El primer proyecto que comento sería la rehabilitación y puesta en valor de las ruinas de Santo Tomás. Se trata de una antigua iglesia parroquial fundada tras la conquista de la ciudad, localizada cerca del Palacio de Francisco de los Cobos, y que fue germen del magno proyecto de la Sacra Capilla del Salvador (no obstante, su Capilla de la Concepción se concibió como enterramiento familiar de Cobos). De esta iglesia aún queda recuerdo en la toponimia de las calles, pues ahí está la Gradeta (popularmente conocida como “Bragueta”) de Santo Tomás, pequeña plazoleta en donde se localizan dos interesantes casas judías, muy cerca de la Casa del Blanquillo
¿Es lo único que existe de esta iglesia? La verdad es que sorprendería a los ciudadanos lo que aún se conserva del templo. Tras un muro de bloques de hormigón y una puerta metálica, entre montañas de tierra y vegetación, aún se pueden observar los muros perimetral de la capilla mayor, de estilo tardomedieval, con el arranque de varias columnas, así como algunos restos de una capilla lateral y de las escaleras de su torre. Más restos del templo se conservan en el Museo Arqueológico de la ciudad, en donde están algunos canecillos y capiteles románicos.   



¿Qué ocurrió con la iglesia para que estuviera en ruinas? Curiosamente, ésta era una de las parroquias más importantes de la ciudad, con importantes familias vinculadas a ella, entre otras, los Cueva, Ortega, Biedma, Trillo, Porcel, Aranda, etc. (de hecho, a esta iglesia se vincula la leyenda de la Navidad sangrienta, en la que el jefe del clan familiar de los Aranda fue asesinado en el altar mayor por los Trapera durante la Misa del Gallo, dejando como recuerdo una gran mancha de sangre que aparecía anualmente en Navidad).
Durante la Edad Moderna, la fábrica del templo fue enriqueciéndose, llegando a ser una espaciosa iglesia de tres naves, con muchas capillas laterales y dos bellas portadas: la principal -que daba a la Placeta de Santo Tomás- y la Puerta Baja -que daba a las murallas-, así como una torre campanario.
La paulatina despoblación del barrio supuso la minoración de recursos económicos, hasta el punto de que a principios del siglo XIX no tenían dinero ni para el aceite para la lámpara del Santísimo. El mal estado del templo hace incluso plantear al prior, D. Luis de la Mota Hidalgo, el traslado al clausurado y colindante Convento del Carmen, algo que finalmente no se lleva a cabo. En 1843 se ordena la supresión de la parroquia, pasándose el culto y su feligresía, así como sus bienes muebles, a la cercana iglesia de San Pablo -quien también acogería el culto de San Millán-.
Ya por estos años el templo amenazaba ruina, y a finales del siglo XIX ésta ya era total. De hecho, tenemos la siguiente descripción que nos realiza Alfredo Cazabán: «Solo algunos muros por la acción del tiempo azotados, solo un montón de ruinas, nos señala el sitio que ocupaba la antigua iglesia parroquial de Santo Tomás Canturiense. Muros y ruinas que han pasado á través del tiempo para dejar á las generaciones imperecedero recuerdo».
Olvidada por completo, en la década de 1951 los escasos restos fueron arrasados para construir algunas viviendas sociales, demoliendo parte de la torre que aún se conservaba y trasladando la capilla de la Concepción a la iglesia de Santo Domingo, en donde aún hoy se puede ver, a los pies del templo. El redescubrimiento de las ruinas en marzo de 1994 permitió el estudio de las ruinas por parte de Antonio Almagro y Vicente Ruiz, albergando la posibilidad de crear proyectos ilusionantes… Si bien, desde ese momento hasta la actualidad, poco más se hizo.



¿Qué se podría hacer con las ruinas? Su puesta en valor no sería un proyecto excesivamente complicado ni costoso, especialmente si empleamos los recursos municipales. Por supuesto, el primer paso sería volver a realizar un estudio arqueológico del lugar pues en casi dos décadas, el espacio ha sufrido numerosos daños y sería necesario analizar el estado en cuestión del espacio.
Tras ello, se debería liberar las ruinas para su perfecta observación, consolidarlas para evitar su destrucción, e incluso crear un espacio expositivo similar al que han hecho en Baeza con las ruinas de San Juan Evangelista (aunque supliendo algunos de los errores que dicho proyecto conlleva, evitando falsas reconstrucciones). Y, finalmente, y contando con la participación de la Escuela Taller de la ciudad, se debería adecentar el muro perimetral, sustituyendo los bloques de hormigón por paramentos de piedra y verja. Gracias a esto recuperaríamos uno de los espacios más relevantes de nuestro pasado medieval como serían las ruinas de una iglesia tardorrománica, de un estilo muy poco frecuente en Andalucía y del que quedan algunos ejemplos en nuestra provincia.


El segundo proyecto que traigo aquí sería más complicado de plantear -por la inconveniencia de tratarse de una propiedad privada-, pero que de llevarse a cabo podría ser un proyecto ilusionante. Se trataría de recuperar las ruinas del Convento de San Francisco, que se encuentran al final de la calle Cava.
Ya hice mención en el anterior artículo sobre el destino del convento tras la Guerra de la Independencia y la Desamortización Eclesiástica. El caso es que aún se conservan importantes restos de la nave de la iglesia conventual (colmatada por grandes tinajas de barro), así como parte del perímetro de la clausura, con sus portadas y algunos arcos de diversas capillas funerarias. Son sólo ruinas que progresivamente se van deteriorando sin que nadie haga nada por ellas, cubriéndose de más y más vegetación.
Sería necesario plantear la adquisición de este solar por parte del Ayuntamiento que, por ley, no puede ser modificado y que, a la postre, más bien se trata de una carga fiscal para los dueños. Tras la adquisición, se debería plantear la consolidación de las ruinas, crear incluso una posible cubierta protectora, dinamizando este lugar olvidado de la ciudad con la creación de un espacio sobre nuestra historia reciente; así, se podría hacer especial hincapié en los grandes desastres del siglo XIX en nuestra ciudad como fueron la Guerra de la Independencia o la Desamortización Eclesiástica, analizando nuestro patrimonio desaparecido e intentando hacer una aproximación al visitante (y también al ciudadano local). Sería, sin duda, un gran reclamo que complementaría al cercano Centro de Interpretación de las Murallas, y que vendría a potenciar un área tan olvidada de nuestra ciudad como sería la calle Cava y los Jardines del Alférez Rojas.




Desde aquí unas humildes ideas que, como siempre, deberían ser debatidas y consensuadas entre un equipo interdisciplinar para la recuperación de nuestro patrimonio y que pueda ser mostrado a locales y foráneos. Esperemos que tomen nota quienes deben actuar.  

Los desastres de la guerra... un año después

En el pasado año de 2012 celebramos el Bicentenario de la Guerra de la Independencia así como de nuestra primera Constitución, popularmente conocida como “La Pepa”. Han sido numerosos los eventos que se han llevado a cabo para festejar o rememorar tales efemérides, quedándonos este año sin nada que recordar (y mucho menos “festejar”, especialmente con la actual situación económica en la que nos encontramos).
Sin embargo, aprovechando el nuevo año, quiero hacer una aproximación a aquellos ubetenses de 1813, reflexionando sobre cuál sería su situación tras la contienda bélica, en la cual se habría expulsado al enemigo francés y se habría devuelto el trono al “Deseado” Fernando VII.

Sin duda, además de la escasez y del hambre, los años posteriores a la contienda debieron ser de gran caos y desazón para nuestros antepasados. Uno de los aspectos que más chocaría al ciudadano de a pie sería la modificación de espacios urbanos tradicionales: murallas, conventos, ermitas, etc., que habrían sido arruinados, transformados y reutilizados para otros fines.

Durante el ataque francés, las viejas murallas resistían el ataque, sin duda gracias a la labor del cabildo (o a los propios ciudadanos) que mejoraban sus defensas; de hecho, en esta época se refuerzan las murallas de los arrabales de San Isidoro y San Nicolás, más endebles que la muralla que hoy encierra el casco histórico. De hecho, hay constancia que en estos años se construiría una nueva puerta, la Puerta Nueva de Baeza o de San Lázaro, ubicada cerca del Hospital de Santiago, y que sirvió para frenar el ataque de los franceses. 
Uno de los aspectos más importantes que supuso esta contienda fue el inicio del desmoronamiento de parte del Antiguo Régimen, con la modificación de viejas estructuras ancestrales en donde el clero -especialmente el regular- gozaba de un importante status. Hasta quince conventos había en la Ciudad de los Cerros, número que se verá drásticamente reducido durante esta centuria.

Atendiendo a la documentación existente y fechada antes de la guerra, la mayoría de los conventos existentes en Úbeda se encontraban en un precario estado de conservación, siendo frecuentes las donaciones económicas particulares y las solicitudes al cabildo de ayudas para sufragar los numerosos gastos de dichas casas de oración. La contienda bélica supuso la total ruina de muchos de ellos.

 

El primero de los conventos en desaparecer -incluso antes de la Guerra de la Independencia- fue el Convento jesuita de Santa Catalina, que fue clausurado tras la Pragmática Sanción de Carlos III (1767), que suponía la expulsión de los jesuitas de todos los territorios hispánicos; el inmueble sería reutilizado para escuela de primeras letras y posteriormente para ubicar el cuartel de la milicia nacional, reconvirtiéndose con posterioridad en el Casino Antiguo o de los Señores (pudiéndose ver sus restos en la calle Compañía, en un conocido local comercial de nuestra ciudad).

Durante la regencia de José I Bonaparte (popularmente conocido como “Pepe Botella”) se lleva a cabo una desamortización religiosa que no implicaba la supresión de la propiedad, sino la extinción de todas las comunidades y confiscación de sus rentas para el avituallamiento y gastos de guerra de las tropas francesas. Con tal orden, la gran mayoría de los conventos fueron ocupados por militares, quienes reutilizaron los edificios como improvisados cuarteles.

Los primeros ataques de la guerra ocasionarían que algunos religiosos huyeran apresuradamente de sus conventos, regresando posteriormente por temor a represalias. Así, en febrero de 1810, habrían regresado las Dominicas del convento de Madre de Dios de las Cadenas, las Carmelitas Descalzas del convento de la Inmaculada Concepción y las Franciscanas del convento San Nicasio, cuyas monjas abrían huido apresuradamente hacia Jódar llevando consigo todos sus objetos de valor.

Finalizada la Guerra de la Independencia, la Regencia del Reino ordena a los religiosos retornar a sus primitivos conventos; eso sí,  las Cortes de Cádiz impiden la reconstrucción de los conventos destruidos, suprimiendo aquellos que tenían menos de doce religiosos profesos. En octubre de 1813 se informa que se podrían usar los Conventos de la Trinidad, San Andrés, La Victoria, San Juan de Dios y La Merced; a pesar de las órdenes, hasta 1814 no se produce el regreso de los mercedarios a su convento y de los dominicos a San Andrés.

La llegada de los religiosos a sus conventos fue, en gran medida, traumática. Los Carmelitas Descalzos informaban que la iglesia de San Miguel estaba totalmente arrasada y sin ornamentos; los recoletos de San Antonio se ven obligados a acoger el nuevo cementerio municipal en su huerto para obtener fondos económicos, mientras que los franciscanos declaran que su convento estaba «absolutamente arruinado sin haber quedado mas qe. algunas paredes, destruida su fabrica y materiales de que se componía». Éstos últimos, tras limosnear durante años un sitio para cobijarse, finalmente optan por reconstruir ellos mismos su convento con muy limitados recursos. 

No solamente los conventos sufrirían transformaciones debido al ataque de los franceses, sino también algunas de las ermitas que rodeaban la ciudad. Tres ermitas localizadas relativamente cerca del casco histórico de la ciudad fueron arrasadas: las de la Vera Cruz, San Marcos y San Lázaro, pasando sus bienes muebles a las iglesias de San Nicolás y San Isidoro.  De la barbarie se salvarían las ermitas del Pilar ó del Paje así como la de San Ginés (en donde se construiría el cementerio), así como otras más alejadas como las de Santa Eulalia, del Gavellar o San Bartolomé. 

A pesar de que la Guerra de la Independencia supuso un mazazo en las estructuras tradicionales de la ciudad, no lo fue tanto como otros acontecimientos políticos del siglo XIX. Me refiero a las desamortizaciones eclesiásticas de 1820 y 1836, que supondría que todos los conventos de la ciudad (con excepción de Santa Clara y las Carmelitas) fueran expropiados y vendidos en subasta pública. Ello supondría la total transformación de espacios urbanos de la ciudad, cambiando de uso algunos de estos edificios para albergar colegios, cuarteles, cárceles, etc., y, en el peor de los casos, que fueran demolidos sus viejos inmuebles por amenaza de ruina.

Parafraseando la célebre frase latina del siglo XVII: “Quod non fecerunt francesi, fecerunt ubetensi” (Aquello que no han hecho los franceses, lo han hecho los ubetenses”).   

Ya estrenado y no inaugurado

Aún no ha sido inaugurado el Torreón del Carmen, espacio que complementa la visión de las murallas de Úbeda del Centro de Interpretación localizado en el Torreón de los Caballeros, y ya encontramos pintadas en su puerta...
Al menos son pintadas típicas de Úbeda, pues no falta el tradicional ochío.
Esperemos que lo inauguren pronto, o van a tener que volver a intervenir de nuevo para limpiarlo todo!
Qué poco respeto al patrimonio de todos!

 

 

No todo fue en la guerra...

Buscando cosas en la web del Ministerio de Cultura me encontré de repente con esta bella imagen del interior de la Iglesia de Santa María de los Reales Alcázares.
Antes de esta imagen conocía otra en la que se veía la iglesia justo después de la Guerra Civil, arrasada, en bastante mal estado... esta imagen correspondería a los años 50 y se aprecia la presencia de la reja que cerraba el coro, en la que tan sólo falta la parte central (la imagen de la Inmaculada Concepción con los ángeles).


Pero el párroco -emulando a Paco Martínez Soria, con la mejor intención pero sin conocimientos sobre cómo actuar correctamente con la conservación del patrimonio-, decidió despedazar la reja del siglo XVI para cerrar varias capillas sueltas, realizar una cruz en el claustro e incluso un par de lámparas...
Y ahí está! Lástima que no se reconstruya, algo que no sería complicado... artesanos de la forja tenemos en Úbeda como para llevar a cabo dicha actuación con éxito...
Más delito tiene que los "ilustrados" hicieran a cabo la aberración qee hicieron en el templo, demoliendo las bóvedas e inventando el pastiche neomudéjar que hoy encontramos...

Casa performance

Lo contemporáneo llega a la arquitectura ubetense, y así podemos ver en esta casa de la calle Real, abierta y horadada por vigas de hierro, a medio construir.
Menos mal que está en una zona poco transitada, donde nadie la ve...

 

Otra casa que cae...

Tras muchos años de abandono, y pocas medidas para evitarlo, finalmente esta casa del siglo XVIII -localizada junto a la hornacina del Cristo del Gallo- se ha venido abajo sin que nadie diga ni mú.
Ahora está apuntalada, pero se ve poco movimiento que indique que se vaya a hacer algo para evitar su desaparición.
¿Para qué una legislación en materia de conservación de patrimonio si luego no se hace nada?
Esperemos que no la veamos sustituida por un bloque de pisos insulsos y sin personalidad, y que muy pronto se proceda a su rehabilitación.
Esperemos...

Pepe Gotera y Otilio nos guían por Úbeda...

La verdad es que si pasas despistado, no te fijas...
Llegas nuevo a la ciudad, con tu coche, buscando el hotel que tienes reservado... y vas mirando todos los carteles.
Eso sí, parece que eso no es tarea tan fácil ya que algún "lumbrera" no estuvo muy atento a la hora de poner las indicaciones... ¿o será que para ir a los museos es obligatorio que vayas andando?



La muralla de la calle Ventanas

Son muchas las viviendas decimonónicas que se construyeron sobre la muralla de la calle Corredera, hasta el punto de que ésta se convirtió en un auténtico "colador", perdiéndose numerosos tramos y quedando prácticamente oculta (no así por la calle Ventanas, en donde aún se puede seguir su perímetro, aunque en un estado lamentable, con tramos encalados y numerosas grietas).
La reforma de una vivienda en la calle Corredera -llevada a cabo por los hermanos Martos Leiva- ha supuesto la intervención en la parte trasera, procediéndose al saneamiento de la muralla y mejora de algunos elementos arquitectónicos incorporados en ella.
Aquí unas imágenes para ilustrar el cambio, confiando que próximamente sean más los trozos de la muralla que sean limpiados de cal y unidas sus grietas con mortero, para evitar posibles males posteriores.


ANTES



AHORA


Vertedero junto al callejón de Santa María

De vergonzoso se puede calificar el estado en que se encuentra un solar en la parte trasera de la iglesia de Santa María.
Demolida hace un par de años, respetando la portada, en el lugar donde antaño se ubicaba la casa se ha convertido en un lugar donde se acumulan inmundicias, basura, y la vegetación crece a sus anchas.
Más le valdría al Ayuntamiento obligar al dueño del solar el adecentar este espacio (o hacerlo él mismo, si es suya la propiedad).
Una más: suma y sigue!





Son sólo un par de monedas...

En la madrugada del pasado viernes 30 de noviembre se produjo en el Palacio Vázquez de Molina -sede del Ayuntamiento de Úbeda- el asalto por parte de unos ladrones que se llevaron una cantidad indeterminada de dinero, así como una colección de viejas monedas -posiblemente del siglo XVIII-, del que nadie sabía su existencia (bien vamos, dicho sea de paso).
El caso es que se ha creado un gran revuelo mediático por el tema del robo, especialmente de las monedas, mucho más si tenemos en cuenta el actual estado de crisis económico y penuria en que nos encontramos.



Tras el robo, se han iniciado una serie de pesquisas para saber el paradero del botín y, sobre todo, se ha iniciado el turno de palabra de nuestros "queridos" políticos que no saben más que hablar, hablar y hablar, hacerse fotos y pegarse la comilona para inaugurar cosas que todos pagamos, y después criticarse, criticarse y criticarse como niños chicos, porque esa inauguración le correspondía al otro.
La cuestión es -paso de hablar de los políticos carroñeros- es que con este robo se ha visto la inexistencia de un control de seguridad que sufre nuestro Ayuntamiento, edificio en donde además se encuentra la sede de nuestro archivo histórico municipal, sin duda uno de los mejores de España, por la calidad y continuidad de sus fondos documentales.
El ciudadano de a pie sabe de la existencia del archivo pero nos quedamos con el "ahí está". Son pocos los que lo conocen y muchos menos quienes trabajan sus fondos. Está la idea general de que el archivo es "un almacén de papelajos y polvo", en donde sólo van unos bichos raros, amantes de la historia.
Sin embargo, un archivo es mucho más. Es el depositario de la memoria colectiva, lugar donde acudir para descifrar algunos de los enigmas de nuestro pasado, algo del que luego tanto nos vanagloriamos y con orgullo enseñamos a nuestros visitantes. Y esos "bichos raros" que acuden allí son historiadores, profesionales de la memoria, que en la gran mayoría de los casos trabajan por amor al arte, por interés y casi devoción.
El Archivo Histórico Municipal de Úbeda bien merece una visita. En primer lugar por el lugar donde se encuentra en el ático del Palacio Vázquez de Molina (que mereció incluso ser escenario cinematográfico y sede de conciertos), con unas envidiables vistas que ayudan para el arduo trabajo archivístico. Sí es cierto que las instalaciones están anticuadas, que a veces se pasa frío o calor, pero es algo normal si tenemos en cuenta que cuando no hay dinero, donde primero se recorta es en Cultura... y si ya estamos recortando en Educación y Sanidad, apaga y vámonos!
Sin embargo, a pesar de que parte de sus instalaciones son mejorables y hay poco espacio para trabajar (tampoco se necesita mucho más), el valor añadido de la amabilidad de sus archiveros y la facilidad que ofrecen para trabajar suplen con creces los inconvenientes que ofrece.
Pero volvamos al tema que nos concierne, que es la seguridad del inmueble. El edificio está totalmente desprotegido, como también lo están numerosos templos de nuestra provincia, que pueden ser asaltados cualquier día para robar algunas de sus valiosas piezas artísticas.

 

Imagino que recordarán el caso del "Liber Sancti Jacobi" o "Codex Calistinus", el manuscrito de la Catedral de Santiago de Compostela, del que nadie conocía su existencia y hoy todo el mundo sabe de su existencia tras el robo y posterior devolución (protegido, eso sí, como corresponde). Se trataba de un importante documento que contenía la historia del culto del apóstol, una guía de peregrinos, así como diversos aspectos de la liturgia con dos apéndices musicales.
Pues bien, es un ejemplo claro del valor que le damos en España al patrimonio documental: cero... hasta que nos lo quitan! ¿Vamos a permitir que ésto ocurra en Ubeda?
Ahora están todos los políticos (de diverso bando) con sus "dimes y diretes", echándose la culpa en relación con la protección del Ayuntamiento. Señores políticos: no se engañen, todos tienen la culpa. En verdad, tienen la culpa de gran parte de los males de España. Así que déjense de tonterías y acusaciones banales y pónganse a trabajar de verdad o, si no quieren, váyanse (mejor nos vendría).
Preocúpense por la seguridad de nuestro patrimonio, no sólo arquitectónico-artístico, sino también del documental, pues no en vano, y aunque no les entre en la cabeza, el Archivo Histórico Municipal de Úbeda es uno de nuestros grandes bienes con los que contamos,  de gran calidad y continuidad temporal (desde la Edad Media hasta nuestros días), y como tal debemos salvaguardarlo.



Diez años de la demolición del Teatro Principal

En mayo se cumplieron 10 años de la demolición del antiguo Teatro Principal.
Es cierto que esta entrada en el blog llega con retraso, pero me ha parecido que era un buen sitio para hacerle un pequeño recuerdo, más especialmente teniendo en cuenta que en estos días, nuestro paisano Manolo Madrid está realizando una estupenda aproximación al teatro en Úbeda desde su sección del periódico Ideal.
De ese teatro con encanto hoy no queda más que recuerdos, así como un solar "vallado de tiempo" que da una imagen deplorable del casco histórico... una verdadera pena!


 


Gran iniciativa

Hace un par de semanas surgió una gran iniciativa para recuperar nuestro patrimonio, llevada a cabo por la Cofradía de la Soledad para salvar el torreón de la Iglesia de San Millán.
Ésta consistía en donar 20 euros por cada una de las tejas que se emplearían para arreglar el tejado del torreón. A cambio, el artesano Melchor Tito pondría el nombre o frase que el donante quisiera, así como una pequeña teja de recuerdo.


Los interesados en participar en este bello proyecto pueden ponerse en contacto con la cofradía mediante facebook, tuenti, web, etc. o acercándose directamente a la sede de la cofradía (Avenida Antonio Machado 5) o a la alfareria de Melchor Tito (C/. Fuente Seca).

Sin duda, este movimiento por nuestro patrimonio demuestran que muchos granos de arena forman una gran montaña... esperemos que así sea y muy pronto los andamios se dispongan para arreglar uno de los edificios más antiguos y castizos de nuestra ciudad.

Por cierto, yo ya tengo mi teja de recuerdo!

Vandalismo en el Arco de los Zapateros

El tema del vandalismo y de las pintadas es algo frecuente en nuestra ciudad, y quizás duele más cuando se hace sobre edificios históricos, muchos de los cuales se han restaurado en los últimos años.
Ejemplo de ello lo encontramos en el Alcázar de Úbeda, en los restos de la Puerta de los Zapateros, en donde si nos asomamos veremos como hay alguna que se considera la "puta dueña" del arco.
Lo siento nena pero tú no eres la dueña del arco: la dueña legítima es la ciudadanía de Ubeda y la Humanidad en general.
Si quieres hacer pintadas, hazlas en el salón de tu casa; tu madre seguro que estará encantada del arte que tiene su hija.





Fotografías: © José Manuel Almansa

La hora de San Lorenzo


Varios vecinos de la feligresía que fué de S. Lorenzo han recurrido á este Ayuntamiento en solicitud de que se les abra la Iglesia de dicha Parroquia alegando muy poderosas razones; que el Ayuntamtº. conoce lo justas, lo religiosas que ellas son y ha procurado calmarles su animo agitado manifestandoles que no estaba en las atribuciones de esta corporación entrometerse en este asunto; pero que influirá en el animo del Sr. Gobernador de este obispado recomendándole la Solicitud que acaban de prestar”.

Este texto que acaban de leer bien pudiera parecerles reciente, pero en realidad corresponde al acta capitular del cabildo celebrado en el Ayuntamiento de Úbeda el 7 de agosto de 1843. Desde esta fecha hasta la actualidad han pasado 169 años y la situación ha cambiado muy poco en relación a la situación de la iglesia de San Lorenzo. Pero, antes de hablar de este tema, hagamos repaso a la historia más reciente de este templo…

La parroquia de San Lorenzo (o de San Llorente) hunde sus raíces en la Baja Edad Media, siendo una de las seis parroquias intramuros en las que se dividía la ciudad. Ubicada descentrada en relación con las demás, desde 1740 se vincularía a esta parroquia toda la población del arrabal de San Juan Evangelista o de los Huertos, que se localizaba en el entorno de la Puerta de Granada y calle Cotrina.

Sin embargo, ante las necesidades de reformar la distribución de la población de las diferentes parroquias, en 1842 se acuerda que las once collaciones existentes desde época medieval quedasen reducidas a tan sólo cuatro: San Isidoro, San Nicolás, San Pablo y San Pedro (siendo en ésta última en donde quedarían vinculadas las parroquias de San Lorenzo, Santo Domingo y Santa María -que años después recuperaría su primacía sobre las demás, atendiendo a su tamaño y a la magnificencia de su arquitectura-).

¿Qué ocurrió con el resto de los templos cuyas parroquias fueron suprimidas? Su suerte fue dispar. Las iglesias de Santo Tomás, San Juan Evangelista y San Juan Bautista, al perder sus ingresos económicos, pronto quedaron convertidas en un montón de piedras ruinosas hasta el punto de que apenas quedan huellas arqueológicas de ellas (tan sólo algunos restos medievales de Santo Tomás, los cuales podrían ponerse en valor y explotarse turísticamente).   

En cuanto a las iglesias de San Millán, San Pedro, Santo Domingo y San Lorenzo, éstas lograron sobrevivir funcionando como ayuda de las parroquias a las que habían quedado vinculadas, manteniéndose un culto semanal y convirtiéndose en lugares de veneración de reliquias e imágenes. De cualquier forma, su supervivencia no fue cosa casual puesto que en parte contaron con la ayuda de los propios vecinos, o contaron con la presencia de un devoto mecenas que costeaba los gastos de las diversas reparaciones (como sabemos, en los últimos años la conservación de la iglesia de San Millán recae directamente en la Cofradía de La Soledad, quien por estos días está llevando a cabo una campaña para lograr la rehabilitación de la torre del templo). 

Pero volvamos al caso de San Lorenzo. Mandada cerrar al culto por el gobernador eclesiástico el 6 de junio de 1843, las campanas continuarán con su repique y los feligreses acudiendo al templo para la misa del domingo, haciendo caso omiso a las órdenes impuestas. A fin de evitar disturbios coincidiendo con la fiesta del santo, el 7 de agosto de ese mismo año se decide suspender la festividad e interrumpir el traslado de la imagen del titular a la iglesia de Santo Domingo.

Gracias al celo de sus parroquianos, el templo volvería a abrir al culto para la celebración de las misas dominicales en 1844. De cualquier modo, su futuro era incierto pues en 1855 se plantea la posibilidad de que el templo se reconvirtiera en hospital improvisado en caso de que la ciudad fuera invadida por la epidemia del cólera; este mismo año incluso se plantea su demolición “no solo para evitar peligros, sino porque convendrá hacerlo asi un dia para mejorar el aspecto publico de aquel ángulo de la población”. Con todo, hemos de agradecer que no se llevara a cabo esta ‘mejora’ para la ornamentación de este espacio urbano.

Lo que sí se llevaría a cabo sería el progresivo desvalijamiento del templo. Así, en 1859 se reclaman una de las tres campanas que poseía la iglesia para sustituir la campana del reloj de las Casas Consistoriales; en 1888, el Prior Monteagudo toma de aquí una pila bautismal de mármol (que quizás procediera de la arruinada iglesia de San Juan Evangelista) para trasladarla a Santa María, en donde se encuentra en la actualidad. Igualmente Ruiz Prieto menciona que en los últimos años de siglo se habían trasladado a la Iglesia de San Pedro diversas piezas, como las cajoneras de la sacristía; a cambio se traería de allí la imagen de yeso del Cristo del Soldado, que se ubicaría en el retablo del altar mayor.

En los primeros años del siglo XX el templo se encontraba abierto al culto como ayuda de la parroquia de Santa María, estando servida por un capellán. Sin embargo, todos los enseres que aún quedaban en el templo fueron perdidos definitivamente tras la Guerra Civil de 1936, fecha tras la cual el templo sirvió de alojamiento para familias gitanas y, posteriormente, como almacén y taller.



Y llegamos a nuestros días. Olvidada por el Obispado de Jaén, su legítimo y descuidado dueño, y ante el avanzado estado de ruina del templo en los últimos años, el consistorio municipal reclamaría la intervención en el inmueble para asegurar su conservación; incluso propondría la permuta del templo por unos terrenos en la zona nueva de la ciudad.

Sin embargo, la postura adoptada por el Obispado y la incapacidad del Ayuntamiento de Úbeda para solventar el problema daría como resultado el rebrote de un sentimiento de defensa del patrimonio ubetense. Así, como ya había ocurrido en 1843, un grupo anónimo de ciudadanos se congregaron para poner velas en la calurosa noche del 10 de agosto, y recordar a los medios de información que la iglesia de San Lorenzo estaba allí, que su ruina era avanzada, y que es necesario intervenir para evitar su desaparición.

 ¿Y porqué? Porque estos ubetenses no quieren perder más elementos de la historia y del arte de su ciudad. Úbeda tiene mucho patrimonio pero es más lo que ha perdido, tanto durante el demoledor siglo XIX (Convento de San Andrés o el de La Coronada, las Iglesias de los San Juanes y Santo Tomás, la Puerta de Toledo o el Postigo de la Calancha, por citar algunos ejemplos), e incluso durante el siglo XX (demolición de los restos del Convento de San Juan de Dios y de la iglesia de la Victoria, venta y traslado del Palacio de los Saro y Casa de la Teda, explosión de la Ermita de Madre de Dios del Campo, derribo del Teatro Principal…).

¿Queremos sumarle a esta lista negra la iglesia de San Lorenzo, cuya silueta domina uno de los espacios más encantadores de nuestra ciudad? ¿Es esa la imagen que queremos ofrecer a los turistas que vienen a una Ciudad Patrimonio Mundial, demostrar nuestra incapacidad para conservar el patrimonio heredado? ¿Y a estos turistas, tendremos algo que ofrecerles o solamente podrán ver fotos de aquello que hubo y no supimos defender?

Por todo ello, de nuevo se alzan voces para pedir la restauración de la iglesia. Ya es hora. Es la hora de San Lorenzo…

El Ecce Homo de Borja

Gran revuelta ha generado la "restauración" del Ecce Homo de Borja (Zaragoza). Y buena la ha liado la insigne artífice, la aficionada pintora Cecilia Giménez. Sin duda, ha sido una noticia divertida dentro del maremagnum de tristezas, desgracias y penas que nos invaden en los últimos meses. Prueba de ello ha sido el aluvión de versiones que ha generado la imagen inacabada del "ecce-mono" borgiano, en donde han tenido cabida personajillos populares como Paquirrín o Belén Esteban (que, sinceramente, casi dan más miedo que la pintura de nuestra artista).
¿Qué opino del tema de esta "restauración"? (o bueno, quizás el término más acertado sería "intervención")
Bromas apartes, la señora Cecilia ha logrado varias cosas.
En primer lugar, ha conseguido situar su pueblo en el mapa, que ya es un logro: buena campaña publicitaria ha tenido el municipio, a un precio irrisorio, y que ha atraído a numerosos medios de información del mundo entero. Además de que ya empiezan a llegar turistas interesados en ver el mural (¿desbancarán las visitas a la Capilla Sixtina?).
En segundo lugar, ha demostrado el precario estado de conservación -y especialmente de protección- en que se encuentran muchas de las obras del patrimonio histórico-español, cuya custodia a menudo se encuentra en manos de gentes que, con más fe que conocimiento científico, se dedican a "restaurar" por su cuenta y riesgo, contando con el beneplácito del párroco de turno (siempre dispuesto a ahorrarse unas perrillas). Y esto no es algo que pase ocasionalmente, si bien no es tan sonoro (¿o quizás sí existen casos pero no tan conocidos por no ser tan 'jocosos'?).

 
Sin embargo, no echemos la culpa a la Iglesia Católica que, en gran medida, es la responsable de conservar (más o menos, siempre hay matices) nuestro rico patrimonio. También las administraciones públicas son las responsables de proteger y restaurar el patrimonio y, en ocasiones, "echando mano de mis amiguetes que lo hacen a un buen precio", tenemos sonoros patinazos en el ámbito de la restauración. Para muestra, podría mencionar el Teatro ¿neorromano? de Sagunto o la iglesia ¿neomudéjar? de Santa María de Úbeda. Son dos ejemplos que me vienen ahora a la cabeza, pero demuestra la necesidad imperiosa de que, a la hora de proceder a restaurar nuestro patrimonio, es necesario la colaboración de un grupo multidisciplinar y no la presencia de un grupo 'multidisciplinar de amiguetes' del político de turno, más interesados en llenar sus bolsillos que en la obra de arte.
Pero bueno, volviendo al tema del Ecce Homo de Borja. Todo parece indicar que la imagen recuperará su imagen original (ya está un equipo de restauradores trabajando en ello). Sin embargo, pase lo que pase, la imagen ya es un icono artístico del calibre de la versión de la Mona Lisa de Duchamp. Felicidades Señora Cecilia, con un par de pinceladas ha logrado en un santiamén un hueco en el mundo de la Historia del Arte. !Usted, señora mía, sí que es una artista!