Una ciudad de fachada

Hace un par de semanas, dentro de las actividades de difusión del patrimonio organizadas por la Asociación “Úbeda por la Cultura”, se hizo más que patente que la nuestra es una ciudad de fachada, una ciudad de paseo para ver el exterior de sus innumerables edificios históricos, y muy poco o nada del interior.
La intención de estas jornadas fue la de dar a conocer edificios por los que pasamos diariamente, conocidos de sobra pero que paradójicamente son grandes desconocidos para el gran público. Durante los sábados de los meses de mayo y junio, se han visitado numerosos edificios de la mano de especialistas en Historia del Arte: Hospital de Santiago, Iglesia de San Pablo, Iglesia de San Isidoro, Iglesia de Santa María, Sinagoga del Agua, Museo Arqueológico, etc.
Toda la polémica comenzó con la visita organizada al Palacio Vázquez de Molina (actual Ayuntamiento), llevada a cabo por la historiadora Rosa Mª López, y en la que asistían un grupo de 40-50 personas, la mayoría de ellas ubetenses. Ante la sorpresa de todos, y especialmente de la organización, el personal del Consistorio sólo permitió una visita breve y rápida al patio del edificio, aludiendo a las nuevas medidas de seguridad impuestas tras el famoso robo de las monedas. Con ello, muchos de los ubetenses asistentes se quedaron con las ganas de descubrir algunos de los espacios más originales y desconocidos del edificio como serían el apeadero -reconvertido en antigua capilla conventual-, la antigua sala capitular (espacio ornamentado con pinturas murales) o el ático del edificio (en donde se localiza el archivo histórico municipal). Aunque parezca sorprendente, son muchos los ciudadanos de Úbeda que no conocen estos espacios, y consideraron ésta como la oportunidad ideal para descubrirlos.
El impedir la visita al interior del Ayuntamiento tuvo más bien una carga simbólica, pues mostró una cosa a los ubetenses: el “desprecio” que realizamos a los turistas visitantes, quienes se desplazan a nuestra ciudad para tener que contentarse con pasear por sus calles y no poder acceder a ninguno de los bienes que tanto se oferta en diversas ferias y certámenes turísticos. Sorprende más teniendo en cuenta que se trataba de un sábado por la mañana, y la Plaza Vázquez de Molina estaba llena de visitantes, pudiendo contabilizarse hasta 7-8 grupos.
¿Para qué vendemos una ciudad si luego ésta no puede ser disfrutada por los visitantes? Para eso mejor evitamos el gasto en material de promoción turística y lo invertimos en otras cosas que vendría mejor a nuestros turistas como sería mejorar el asfaltado o empedrado, o incluso mejorar la iluminación de plazas y calles por donde sólo podrán pasear...


La verdad es que ser turista en Úbeda es complicado. ¡Tan sólo encontrar la Oficina de Turismo ya tiene mérito! Eso sí, de nada sirve llegar a ella cuando, durante los fines de semana, ésta está cerrada. De cualquier manera, esperemos que esto se solucione cuando por fin abra la tan ansiada Oficina de Información Turística en las antiguas carnicerías, junto a la Torre del Reloj. ¡Y sobre todo, que abra sus puertas diariamente! Desde aquí una sugerencia: que no se queden sólo en la intervención del edificio de las Carnicerías, sino que adecenten la Torre del Reloj de cara al visitante, pues así podrá tener la posibilidad de subir y ver una de las vistas más hermosas y distintas de la ciudad.
Aunque pensando ya en el futuro próximo, también puede pasar que realicen la intervención en las Carnicerías y que tengan que pasar meses o quizás alguna legislatura para que se abran dichas oficinas (ya se sabe que hay que cuadrar las agendas de nuestros políticos para cortar la cinta y hacerse bien la foto, que ésta queda para la posteridad). Porque, a todo esto, ¿qué pasa con el centro de interpretación de la muralla ubicado en el Torreón del Santo Cristo? ¿Lo veremos pronto abierto?
La verdad es que estos últimos meses se han vertido numerosas y duras críticas al Obispado de Jaén sobre la disponibilidad de su patrimonio. No voy a entrar ahora a hablar sobre este tema porque sería largo de hablar, pero sí hemos de tener en cuenta que hoy en día, posiblemente sean las iglesias las que más se ofrecen como recurso turístico al visitante, pues en muchas de ellas existe culto religioso y se permite su entrada media hora antes del mismo. Aunque también es verdad que es un tiempo bastante reducido y que suelen coincidir los cultos en las diversas parroquias, por lo que se hace insuficiente para el visitante. Hace poco tuve la oportunidad de visitar la ciudad de Santiago de Compostela por motivos de trabajos y pude contemplar gratamente que todas sus iglesias se encuentran abiertas durante todo el día, no existiendo ningún problema para ser visitadas. Y no me refiero sólo a su imponente Catedral -cuya visita encima es gratuita, salvo diversas “visitas especiales” a zonas reservadas-, sino a cualquier pequeña iglesia o convento de la ciudad.
Rompiendo una lanza a favor del Obispado de Jaén, aparte del tiempo de culto, en la actualidad tanto las iglesias de San Isidoro como San Pablo cuentan con feligreses que vigilan para que la iglesia sea visitable, y Santa María está gestionada por una empresa turística (al igual que la Sacra Capilla del Salvador, en este caso propiedad privada de los Duques de Medinaceli). De cualquier modo, sigue siendo insuficiente.
Debería promoverse la entrada a más edificios de la localidad, mucho más cuando son de propiedad municipal. Y si existe un problema en cuanto al tema del gasto que conlleva la apertura de los mismos, existen varias soluciones: desde reducir algunos gastos superfluos (que para tonterías en nuestra ciudad siempre hay dinero y nunca para cosas serias) o crear un bono turístico para visitar varios de esos inmuebles (con un precio adecuado pues no debemos olvidar que ofrecemos un servicio al turista, no pretendemos desplumarle la cartera). Tampoco estaría de más musealizar algunos espacios de algunos inmuebles que están totalmente desaprovechados, y cuya entrada (con un precio simbólico de un euro, por ejemplo) podría repercutir positivamente en la recuperación de nuestro patrimonio y, a la vez, supondría ofrecer nuevas cosas al visitante. Así, se podrían poner en valor la antigua sala capitular y capilla mayor del Palacio Vázquez de Molina (actualmente reconvertidas en oficinas municipales, llena de trastos y armarios que impiden la visita), o la sacristía y antesacristía del Hospital de Santiago (que sólo se abre para algunos congresos, y que cuenta con uno de los programas murales más interesantes del Renacimiento andaluz).
No voy a excederme más. Desde aquí invitar a los responsables municipales a ponerse las pilas para vender mejor nuestro patrimonio, y que cumplan con el eslogan tan manido de “Jaén. Paraíso interior” o aquel de “Descubre su interior”. Y, por favor, que fomenten la creación de equipos multidisciplinares en donde los especialistas (no sólo de turismo, sino también historiadores del arte) den su opinión y aporten sus ideas. Será en beneficio de todos, sin duda.

Intervenciones con "delicadeza y respeto"

Dentro de la polémica suscitada con la fachada de la Trinidad (donde todos opinan y todos tienen la razón), ha pasado totalmente desapercibida esta intervención realizada en los últimos días con total "cariño" y "respeto" a un edificio historicista de finales del XIX o principios del XX, donde hemos dejado aparte toda la legislación y normativas sobre la conservación de nuestro patrimonio. 
Se trata de una fachada que presentaba bellos adornos realizados en yeso, con interesantes molduras florales de gran elegancia, y que gracias a la pericia, arte y delicadeza de los pintores, se han perdido para siempre... brochazo y rodillo, y tan relimpia que se queda la casa! 
Óle las chapuzas de Pepe Gotera y Otilio! 
Y como aquí lo que vale son las fotos del antes-después, aquí unas muestras...



la Trinidad, antes y después

Criticar es el deporte nacional, así que al menos hagámoslo con conocimiento de causa. 
Aquí van unas imágenes del antes y del después de la portada de los pies de la iglesia de la Trinidad, tras la limpieza efectuada en la misma. Todos critican las marcas de cal blanca, pero ninguno juzga otros factores a tener en cuenta, como ha sido la limpieza que se ha llevado a cabo en la misma, así como eliminar otros problemas subyacentes que no se apreciaban. 
Tranquilidad. Dentro de un par de meses, la pátina de tiempo disminuirá esos contrastes cromáticos. Ya ocurrió con la portada principal de Santa María y hoy nadie dice nada de ella...

Intervención en la Iglesia de la Trinidad

La llegada de los trinitarios a Úbeda se produciría tras la conquista cristiana, aprovechando para su fundación la primitiva ermita de San Sebastián. Por su carácter extramuros, el templo sería arrasado e incendiado por las razzias musulmanas lideradas por Don Pero Xil en 1368, siendo reconstruido posteriormente. Nuevas intervenciones se sucederían durante los siglos XVII y XVIII, dando consecuencia uno de los pocos templos barrocos conservados en la ciudad, muy similar en estilo a algunas de las iglesias madrileñas de su época.
Ocupado el convento por las tropas francesas, los trinitarios son exclaustrados en 1808 y restituidos por la Regencia del Reino en 1813. Tras su regreso, los religiosos viven unos años de dificultades económicas, hasta el punto de que se ven obligados a alquilar parte de sus estructuras para instalar un pequeño cuartel de la milicia local. Sin embargo, en 1836 los religiosos son expulsados definitivamente como consecuencia de la Desamortización Eclesiástica de Mendizábal.
Como decía Miguel Ruiz Prieto: «no hay en Úbeda edificio que haya sido más aprovechado. Oficinas públicas, sociedades de Beneficencia, cuartel de Milicianos, de la Guardia civil en su creación, Escuelas y Colegios… para todo se ha utilizado». En efecto: en julio de 1838 se acordaría instalar una escuela de educación primaria en el convento, cediéndose habitaciones para uso personal de los maestros; también se instala aquí el primer servicio de correos de la ciudad -que permanecerá hasta 1843- y la Asociación de Señoras de la Casa Cuna y Beneficencia; finalmente, en 1845 se instalaría el destacamento de la Guardia Civil (la cual habría sido creada un año antes).
En 1861 el convento sería entregado a los Padres Escolapios, aprovechando una Real Orden de Isabel II, quienes mantendrían el edificio y sostendrían una escuela de párvulos y colegio de segunda enseñanza dependiente del Instituto de Jaén. Por su parte, el templo mantendría su culto como ayuda de la parroquia de San Nicolás, no destruyéndose sus imágenes y retablos gracias a su fuerte carga devocional; de hecho, por estos años se incrementa el patrimonio de la iglesia al recibir piezas procedentes de otros conventos desamortizados.
Son constantes las obras de mantenimiento durante todo el siglo XIX, tanto en el convento como en la iglesia, aunque es permanente el mal estado de conservación. De hecho, el elevado coste de mantenimiento del edificio y su generalizado mal estado sería la causa por la cual los Escolapios abandonan el inmueble en 1920. Tras esto se plantean diversos usos en el edificio, llegándose incluso a plantear su total demolición para construir el Mercado de Abastos. Finalmente se acuerda mantener las funciones educativas en el edificio, llevado a cabo por los Padres del Inmaculado Corazón de María quienes permanecen aquí hasta la llegada de la II República.
Como vemos, la Santísima Trinidad ha tenido una vida azarosa. Tras la Guerra Civil, la zona de la antigua clausura ha mantenido su función como colegio público, albergando así mismo las oficinas de Jóvenes de Acción Católica y la sede de la Cofradía de la Expiración; por su parte, la iglesia siguen funcionando como ayuda de la parroquia de San Nicolás (si bien ha perdido casi todo su patrimonio mueble).


Durante todo el siglo XX se han sucedido las intervenciones puntuales en el inmueble, especialmente orientadas a resolver problemas en sus cubiertas, uno de sus males endémicos. Desde hace unas semanas, la fisonomía de la centenaria iglesia de la Trinidad luce un aspecto bastante diferente debido a la presencia de un inmenso andamio que oculta la práctica totalidad de su torre, así como su portada de los pies. Ello se debe a las obras de urgencia que se están llevando a cabo en ella, financiadas por el Obispado de Jaén, y en donde está interviniendo un equipo interdisciplinar compuesto por el arquitecto José María Martos Leiva, la empresa “ÚbedArte” liderada por el restaurador Manuel Martos Leiva, y el historiador Blas Molina Reyes.
A pesar de la polémica surgida en los primeros momentos de la intervención (puesto que la presencia de los andamios podía afectar al desarrollo biológico del cernícalo primilla), ésta continuó debido al carácter de urgencia de la misma (no obstante, había amenaza de desprendimientos de piedras, como ya ocurrió meses atrás).
Las obras se han realizado en un espacio muy breve de tiempo (un mes escaso), durante el cual se han llevado a cabo más actuaciones de las que se esperaban por parte del equipo de restauración. Ante todo, el principal interés que tenía la intervención ha sido lograr la estabilidad de la torre, tapando numerosas grietas con mortero de cal y fijando los elementos arquitectónicos y ornamentales, muchos de los cuales habían perdido la sujeción y estaban exentos de ningún tipo de anclaje, convirtiéndose en un peligro para los viandantes. Igualmente se ha procedido a reintegrar elementos volumétricos que se habían perdido.
Además de ello, se ha realizado una limpieza general del exterior de la iglesia (con especial detenimiento en sus dos portadas), lo cual ha supuesto la eliminación de hongos y líquenes, excrementos de paloma, así como gran parte de la costra negra que cubría la fachada (no toda la que se hubiera deseado, precisamente por la celeridad con la que se ha llevado a cabo el proceso, que ha impedido la aplicación de productos químicos de más amplia trascendencia). Eliminada esa pátina de suciedad, la piedra ha vuelto a recuperar parte del color dorado originario, tan característico de la arquitectura de nuestra ciudad. 
Finalmente se han incorporado sistemas de protección para evitar el daño realizado por las palomas y otras aves, uno de los agentes biológicos que más afectan a nuestros monumentos.
Con todo, se ha logrado un resultado óptimo que asegura el mantenimiento de nuestro patrimonio y que, a la vez, supone una salvaguarda de la seguridad de todos los viandantes. Esperemos ver muy pronto a este equipo trabajando por la restauración de uno de los edificios que más anhelan hoy en día los ubetenses: la iglesia de San Lorenzo.

El Grupo “Gavellar”


Ya próximos al mes de mayo, se suceden las actividades vinculadas a la tradicional romería de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de Úbeda y Alcaldesa Perpetua de la Ciudad. Sin duda, la imagen de la patrona y su ermita en el arroyo del Gavellar se convierten en elementos claves de los ubetenses, y su repercusión se muestra en el quehacer cotidiano de la ciudadanía, más allá de la devoción popular. Prueba de ello es el hecho que muchas calles, comercios, cooperativas, y un largo etcétera lleven algunos de los nombres asociados al culto de la patrona (uno de los últimos ejemplos que más suenan en relación con esto, tanto metafórica como acústicamente hablando, sería el grupo musical “Guadalupe Plata”).
En el ámbito de la pintura ubetense de las últimas décadas, quisiera sacarles el recuerdo de un grupo de pintores locales que tomaron a la Virgen de Guadalupe como estandarte de su pintura: se trata del Grupo “Gavellar”, integrado por los pintores Antonio Millán, Andrés Garrido, Pepe Dueñas y Antonio Espadas, quienes expusieron su obra en Málaga y Madrid, así como en otras muestras colectivas celebradas en ciudades españolas y extranjeras en la década de los ‘70.

El primero de ellos es Andrés Garrido Aranda “El Garri” (1918-1976) quien inicia su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Úbeda, donde fue alumno de Cristóbal Ruiz. Tuvo que interrumpir sus estudios artísticos para marcharse al frente en la Guerra Civil, pudiendo continuarlos cuando finalizó la misma, siendo entonces alumno de Narciso Alvarado, quien le nombró su auxiliar.
Su trabajo como mecánico sólo le dejaba libres las noches y los domingos, momento que aprovechaba para pintar la porción del paisaje que escogía. Uno de sus máximos sueños era exponer, cosa que logra realizar de forma conjunta en la Agrupación Artística Cultural Ubetense, en su sede de la calle Muñoz Garnica (actual Casa de Cofradías); años más tarde lograría exponer su obra de forma independiente.
A su estilo primitivo, rayando a veces en lo ‘naïf’, va imprimiendo una gran madurez por influencia con los artistas Domingo Molina y Palma Burgos. Tras tocar varios temas, se vuelca de lleno hacia el paisaje y refleja diversos rincones de Úbeda, caracterizados por su realismo y donde refleja su luz y color.
Fue el primero del grupo en fallecer, motivo por el cual el resto de sus compañeros realizarían una exposición como homenaje póstumo.   

Aunque nació en Madrid, Antonio Millán Sánchez (1924-2008) era descendiente de andaluces y muy pequeño llegó a Úbeda (puesto que su padre trabajaba en las obras de la línea ferroviaria Baeza-Utiel), quedando ya para siempre ligado a la ciudad.
Recibió clases de dibujo en la Escuela de Artes y Oficios, y su afición a esta disciplina artística le llevó a dedicarse a la delineación en materia de construcción de obras públicas y topografía, llegando a ser funcionario del Ministerio de Agricultura.
Establecido en Madrid, fue uno de los impulsores y fundadores de la Casa de Úbeda en Madrid. Además de colaborador de la revista “Vbeda”, fue el principal coordinador de la revista “Gavellar” de temática ubetense. En esta revista comenzó una sección habitual de vocablos tradicionales ubetenses, que irían acompañados por divertidas ilustraciones realizadas por él mismo, que darían lugar a la posterior publicación del libro “Úbeda Básico”.

De familia humilde, José Dueñas Molina (1940-2005) inicia sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Úbeda, en donde tiene como maestros a los profesores Narciso Alvarado, Francisco Palma Burgos y Domingo Molina Sánchez.
A pesar de sus deseos de ampliar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, finalmente entraría a trabajar en el taller del imaginero Palma Burgos, quien había sido su maestro en la Escuela de Artes y Oficios. Posteriormente obtiene el título de graduado en Artes Plásticas -especialidad en Decoración-, trabajando profesionalmente como pintor decorador.
En su faceta como pintor artístico participaría en diferentes concursos, exposiciones y certámenes de pintura, cosechando los primeros premios y popularidad: I Concurso de Pintura Universitaria, Jaén (1975), I Muestra de Artesania Popular, Úbeda (1981), cartel de la Feria de San Miguel…
Dentro de su producción cabría citar el gran desarrollo que adquiere el género del bodegón y del paisaje, destacando especialmente por el retrato, empleando el óleo como técnica principal. Sus pinturas se encuentran en colecciones privadas, dispersas entre Portugal, Madrid, Barcelona, Palma de Mallorca, La Coruña, Granada y otras ciudades.
Entre 1957 y 1959 trabajaría en la restauración del interior de la Sacra Capilla del Salvador de Úbeda (Jaén), a las órdenes del maestro Mohedano, enviado para tal encargo por el escultor Juan Luis Vasallo. Así mismo, a él se debe el descubrimiento de las pinturas murales del siglo XVI en el Palacio Vázquez de Molina de Úbeda (1974), que serían restauradas por la Consejería de Bellas Artes.
Al margen de su producción artística, Pepe Dueñas fue fundador y directivo de asociaciones culturales ubetenses como “Adelpha-Úbeda” (dedicada al patrimonio ubetense), “Amigos de la Música”, “Tirsos y Caretas”, “Maranatha”, “Sembradores de la Alegría” (vinculadas a la música y al teatro), entre otros.
Fallecido de una rápida enfermedad, el cariño que le profesaban sus paisanos se vio reflejado en la creación de un premio con su nombre, que se entrega anualmente en el Teatro Ideal Cinema con motivo del carnaval. 
Es padre del también pintor y grabador Juan Jesús Dueñas Ruiz.

El último pintor vivo del grupo “Gavellar” es  Antonio Espadas Salido (1933), quien inicia su formación en Dibujo y Pintura en la Escuela de Artes y Oficios de Úbeda. Aprueba el ingreso en la Facultad “Santa Isabel de Hungría” de Sevilla y, a partir de 1955 comienza su actividad expositiva por diversos municipios de la provincia (Linares, Jaén y Quesada), compartida con su trabajo cotidiano en una droguería.
Artista vocacional y sensible, su pintura recoge el universo más próximo de su paisaje de manera sincera. En cuanto a su estética, ésta se relaciona con una visión postimpresionista, concebida con pinceladas delicadas, reflejando paisajes (generalmente rincones de Úbeda y campos de olivares), con tonalidades cálidas. Como el propio pintor declara, “en el paisaje que me rodea -en el de mi tierra-, las luces y las sombras juegan y se complementan de una forma muy especial, y no me refiero a las que el día determina, aludo, también, a las que se engendran en la noche”. Generalmente suelen ser paisajes donde no aparece gente, “porque la gente está dentro, más allá de la luz, en ese bar que hace esquina, en el balcón cerrado, viendo pasar la vida”.
Su obra ha sido expuesta en numerosas ocasiones, tanto de forma individual como colectiva, especialmente en la provincia de Jaén, así como en Madrid, Málaga e incluso México. En 1996 celebra una muestra retrospectiva en la sala de exposiciones del Hospital de Santiago de Úbeda, con un centenar de piezas.
De forma paralela, realiza diversas actividades como escritor e ilusionista, sintiendo igualmente afición por el teatro y participando dentro de la compañía “Tirsos y Caretas” de Úbeda.
Es padre del imaginero ubetense Antonio Espadas Carrasco.


Más vale tarde que nunca

Aunque ya poco se puede hacer por recuperar este edificio histórico, al menos ya se están realizando labores para lograr mantener su fachada principal, un bello ejemplo de arquitectura doméstica del siglo XVII...
Lástima que no se hubieran puesto los medios antes para evitar su destrucción.
Menos da una piedra!


Un rincón con mucho arte


Busca las 7 diferencias

Además de las diferencias lumínicas del día, creo que con estas imágenes se hace patente el diferente aspecto que puede presentar el Claro Bajo de San Isidoro con coches y sin ellos. 
Se hace patente la necesidad de mejorar el aspecto que ofrece este rincón ubetense, con el fin de resaltar su belleza, eliminándose este pequeño e improvisado parking y dando facilidades a los vecinos para que puedan aparcar en otro lugar cercano. 


Ya es primavera (en el Hospital de Santiago)

Se nota que ya se acerca la primavera, la Naturaleza empieza a desperezarse y a invadir todo con su manto verde. Si embargo, hay sitios en donde no deberíamos permitir que ello suceda y uno de esos sitios es el Hospital de Santiago (habría muchos, pero sería un listado muy extenso). 
No estaría de más dar un repaso a los tejados y quitar hierbas, a fin de evitar problemas mayores de humedades y goteras próximamente. 
Una pequeña tarea de mantenimiento y se evitarán costosas labores de reparación.




Descubre su interior

Paseando junto a Santa María observo la presencia de una inmensa lona dispuesta en el lateral de la fachada, que prácticamente oculta las dos ventanas de la antigua casa rectoral. Se trata de un recurso turístico para atraer visitantes, para que vean qué se pueden encontrar al interior del templo.
La pregunta es: ¿No tendrían otro sitio para poner el cartel? De hecho, en la zona interior del templo, junto a la entrada, cuelga una lona similar que, por su ubicación, está mucho más discreta...


La verdad es que se podría plantear fomentar más el acceso turístico a otros edificios de la emblemática Plaza Vázquez de Molina, así que aquí va mi particular campaña "Descubre el interior". 
¿Veremos algunas lonas así colgando de nuestros emblemáticos monumentos? Esperemos que no cunda el ejemplo!

 

Nuevos productos turísticos

Durante el mes de enero se ha llevado a cabo la Feria Internacional de Turismo (FITUR) de Madrid, de la que tanto se ha hablado y en la que se han vendido las bondades del binomio Úbeda-Baeza, la belleza de los parques naturales de la provincia de Jaén, así como numerosas rutas culturales como la Ruta de los Castillos o el Viaje al Tiempo de los Íberos.
Todos los años se va a Madrid con el deseo de mostrar lo mejor de nuestra ciudad, deseando ofrecer cosas nuevas. Éste año ha tocado el hotel de cinco estrellas (que esperemos sea una realidad muy pronto), el centro de interpretación de la muralla (aún no inaugurado y ya sufriendo daños vandálicos) o las instalaciones para congresos que ofrece el Hospital de Santiago (plenamente desbordado de actividades, y que necesitaría rápidamente plantear una reestructuración de funciones y espacios).
Precisamente, debido al deseo por la novedad, por ofrecer algo nuevo al visitante, desde aquí plantear una serie de propuestas que no serían demasiado costosas ni complicadas de llevar a cabo, y que redundarían en la recuperación de nuestro patrimonio y en ampliar la oferta a los visitantes.
El primer proyecto que comento sería la rehabilitación y puesta en valor de las ruinas de Santo Tomás. Se trata de una antigua iglesia parroquial fundada tras la conquista de la ciudad, localizada cerca del Palacio de Francisco de los Cobos, y que fue germen del magno proyecto de la Sacra Capilla del Salvador (no obstante, su Capilla de la Concepción se concibió como enterramiento familiar de Cobos). De esta iglesia aún queda recuerdo en la toponimia de las calles, pues ahí está la Gradeta (popularmente conocida como “Bragueta”) de Santo Tomás, pequeña plazoleta en donde se localizan dos interesantes casas judías, muy cerca de la Casa del Blanquillo
¿Es lo único que existe de esta iglesia? La verdad es que sorprendería a los ciudadanos lo que aún se conserva del templo. Tras un muro de bloques de hormigón y una puerta metálica, entre montañas de tierra y vegetación, aún se pueden observar los muros perimetral de la capilla mayor, de estilo tardomedieval, con el arranque de varias columnas, así como algunos restos de una capilla lateral y de las escaleras de su torre. Más restos del templo se conservan en el Museo Arqueológico de la ciudad, en donde están algunos canecillos y capiteles románicos.   



¿Qué ocurrió con la iglesia para que estuviera en ruinas? Curiosamente, ésta era una de las parroquias más importantes de la ciudad, con importantes familias vinculadas a ella, entre otras, los Cueva, Ortega, Biedma, Trillo, Porcel, Aranda, etc. (de hecho, a esta iglesia se vincula la leyenda de la Navidad sangrienta, en la que el jefe del clan familiar de los Aranda fue asesinado en el altar mayor por los Trapera durante la Misa del Gallo, dejando como recuerdo una gran mancha de sangre que aparecía anualmente en Navidad).
Durante la Edad Moderna, la fábrica del templo fue enriqueciéndose, llegando a ser una espaciosa iglesia de tres naves, con muchas capillas laterales y dos bellas portadas: la principal -que daba a la Placeta de Santo Tomás- y la Puerta Baja -que daba a las murallas-, así como una torre campanario.
La paulatina despoblación del barrio supuso la minoración de recursos económicos, hasta el punto de que a principios del siglo XIX no tenían dinero ni para el aceite para la lámpara del Santísimo. El mal estado del templo hace incluso plantear al prior, D. Luis de la Mota Hidalgo, el traslado al clausurado y colindante Convento del Carmen, algo que finalmente no se lleva a cabo. En 1843 se ordena la supresión de la parroquia, pasándose el culto y su feligresía, así como sus bienes muebles, a la cercana iglesia de San Pablo -quien también acogería el culto de San Millán-.
Ya por estos años el templo amenazaba ruina, y a finales del siglo XIX ésta ya era total. De hecho, tenemos la siguiente descripción que nos realiza Alfredo Cazabán: «Solo algunos muros por la acción del tiempo azotados, solo un montón de ruinas, nos señala el sitio que ocupaba la antigua iglesia parroquial de Santo Tomás Canturiense. Muros y ruinas que han pasado á través del tiempo para dejar á las generaciones imperecedero recuerdo».
Olvidada por completo, en la década de 1951 los escasos restos fueron arrasados para construir algunas viviendas sociales, demoliendo parte de la torre que aún se conservaba y trasladando la capilla de la Concepción a la iglesia de Santo Domingo, en donde aún hoy se puede ver, a los pies del templo. El redescubrimiento de las ruinas en marzo de 1994 permitió el estudio de las ruinas por parte de Antonio Almagro y Vicente Ruiz, albergando la posibilidad de crear proyectos ilusionantes… Si bien, desde ese momento hasta la actualidad, poco más se hizo.



¿Qué se podría hacer con las ruinas? Su puesta en valor no sería un proyecto excesivamente complicado ni costoso, especialmente si empleamos los recursos municipales. Por supuesto, el primer paso sería volver a realizar un estudio arqueológico del lugar pues en casi dos décadas, el espacio ha sufrido numerosos daños y sería necesario analizar el estado en cuestión del espacio.
Tras ello, se debería liberar las ruinas para su perfecta observación, consolidarlas para evitar su destrucción, e incluso crear un espacio expositivo similar al que han hecho en Baeza con las ruinas de San Juan Evangelista (aunque supliendo algunos de los errores que dicho proyecto conlleva, evitando falsas reconstrucciones). Y, finalmente, y contando con la participación de la Escuela Taller de la ciudad, se debería adecentar el muro perimetral, sustituyendo los bloques de hormigón por paramentos de piedra y verja. Gracias a esto recuperaríamos uno de los espacios más relevantes de nuestro pasado medieval como serían las ruinas de una iglesia tardorrománica, de un estilo muy poco frecuente en Andalucía y del que quedan algunos ejemplos en nuestra provincia.


El segundo proyecto que traigo aquí sería más complicado de plantear -por la inconveniencia de tratarse de una propiedad privada-, pero que de llevarse a cabo podría ser un proyecto ilusionante. Se trataría de recuperar las ruinas del Convento de San Francisco, que se encuentran al final de la calle Cava.
Ya hice mención en el anterior artículo sobre el destino del convento tras la Guerra de la Independencia y la Desamortización Eclesiástica. El caso es que aún se conservan importantes restos de la nave de la iglesia conventual (colmatada por grandes tinajas de barro), así como parte del perímetro de la clausura, con sus portadas y algunos arcos de diversas capillas funerarias. Son sólo ruinas que progresivamente se van deteriorando sin que nadie haga nada por ellas, cubriéndose de más y más vegetación.
Sería necesario plantear la adquisición de este solar por parte del Ayuntamiento que, por ley, no puede ser modificado y que, a la postre, más bien se trata de una carga fiscal para los dueños. Tras la adquisición, se debería plantear la consolidación de las ruinas, crear incluso una posible cubierta protectora, dinamizando este lugar olvidado de la ciudad con la creación de un espacio sobre nuestra historia reciente; así, se podría hacer especial hincapié en los grandes desastres del siglo XIX en nuestra ciudad como fueron la Guerra de la Independencia o la Desamortización Eclesiástica, analizando nuestro patrimonio desaparecido e intentando hacer una aproximación al visitante (y también al ciudadano local). Sería, sin duda, un gran reclamo que complementaría al cercano Centro de Interpretación de las Murallas, y que vendría a potenciar un área tan olvidada de nuestra ciudad como sería la calle Cava y los Jardines del Alférez Rojas.




Desde aquí unas humildes ideas que, como siempre, deberían ser debatidas y consensuadas entre un equipo interdisciplinar para la recuperación de nuestro patrimonio y que pueda ser mostrado a locales y foráneos. Esperemos que tomen nota quienes deben actuar.  

Los desastres de la guerra... un año después

En el pasado año de 2012 celebramos el Bicentenario de la Guerra de la Independencia así como de nuestra primera Constitución, popularmente conocida como “La Pepa”. Han sido numerosos los eventos que se han llevado a cabo para festejar o rememorar tales efemérides, quedándonos este año sin nada que recordar (y mucho menos “festejar”, especialmente con la actual situación económica en la que nos encontramos).
Sin embargo, aprovechando el nuevo año, quiero hacer una aproximación a aquellos ubetenses de 1813, reflexionando sobre cuál sería su situación tras la contienda bélica, en la cual se habría expulsado al enemigo francés y se habría devuelto el trono al “Deseado” Fernando VII.

Sin duda, además de la escasez y del hambre, los años posteriores a la contienda debieron ser de gran caos y desazón para nuestros antepasados. Uno de los aspectos que más chocaría al ciudadano de a pie sería la modificación de espacios urbanos tradicionales: murallas, conventos, ermitas, etc., que habrían sido arruinados, transformados y reutilizados para otros fines.

Durante el ataque francés, las viejas murallas resistían el ataque, sin duda gracias a la labor del cabildo (o a los propios ciudadanos) que mejoraban sus defensas; de hecho, en esta época se refuerzan las murallas de los arrabales de San Isidoro y San Nicolás, más endebles que la muralla que hoy encierra el casco histórico. De hecho, hay constancia que en estos años se construiría una nueva puerta, la Puerta Nueva de Baeza o de San Lázaro, ubicada cerca del Hospital de Santiago, y que sirvió para frenar el ataque de los franceses. 
Uno de los aspectos más importantes que supuso esta contienda fue el inicio del desmoronamiento de parte del Antiguo Régimen, con la modificación de viejas estructuras ancestrales en donde el clero -especialmente el regular- gozaba de un importante status. Hasta quince conventos había en la Ciudad de los Cerros, número que se verá drásticamente reducido durante esta centuria.

Atendiendo a la documentación existente y fechada antes de la guerra, la mayoría de los conventos existentes en Úbeda se encontraban en un precario estado de conservación, siendo frecuentes las donaciones económicas particulares y las solicitudes al cabildo de ayudas para sufragar los numerosos gastos de dichas casas de oración. La contienda bélica supuso la total ruina de muchos de ellos.

 

El primero de los conventos en desaparecer -incluso antes de la Guerra de la Independencia- fue el Convento jesuita de Santa Catalina, que fue clausurado tras la Pragmática Sanción de Carlos III (1767), que suponía la expulsión de los jesuitas de todos los territorios hispánicos; el inmueble sería reutilizado para escuela de primeras letras y posteriormente para ubicar el cuartel de la milicia nacional, reconvirtiéndose con posterioridad en el Casino Antiguo o de los Señores (pudiéndose ver sus restos en la calle Compañía, en un conocido local comercial de nuestra ciudad).

Durante la regencia de José I Bonaparte (popularmente conocido como “Pepe Botella”) se lleva a cabo una desamortización religiosa que no implicaba la supresión de la propiedad, sino la extinción de todas las comunidades y confiscación de sus rentas para el avituallamiento y gastos de guerra de las tropas francesas. Con tal orden, la gran mayoría de los conventos fueron ocupados por militares, quienes reutilizaron los edificios como improvisados cuarteles.

Los primeros ataques de la guerra ocasionarían que algunos religiosos huyeran apresuradamente de sus conventos, regresando posteriormente por temor a represalias. Así, en febrero de 1810, habrían regresado las Dominicas del convento de Madre de Dios de las Cadenas, las Carmelitas Descalzas del convento de la Inmaculada Concepción y las Franciscanas del convento San Nicasio, cuyas monjas abrían huido apresuradamente hacia Jódar llevando consigo todos sus objetos de valor.

Finalizada la Guerra de la Independencia, la Regencia del Reino ordena a los religiosos retornar a sus primitivos conventos; eso sí,  las Cortes de Cádiz impiden la reconstrucción de los conventos destruidos, suprimiendo aquellos que tenían menos de doce religiosos profesos. En octubre de 1813 se informa que se podrían usar los Conventos de la Trinidad, San Andrés, La Victoria, San Juan de Dios y La Merced; a pesar de las órdenes, hasta 1814 no se produce el regreso de los mercedarios a su convento y de los dominicos a San Andrés.

La llegada de los religiosos a sus conventos fue, en gran medida, traumática. Los Carmelitas Descalzos informaban que la iglesia de San Miguel estaba totalmente arrasada y sin ornamentos; los recoletos de San Antonio se ven obligados a acoger el nuevo cementerio municipal en su huerto para obtener fondos económicos, mientras que los franciscanos declaran que su convento estaba «absolutamente arruinado sin haber quedado mas qe. algunas paredes, destruida su fabrica y materiales de que se componía». Éstos últimos, tras limosnear durante años un sitio para cobijarse, finalmente optan por reconstruir ellos mismos su convento con muy limitados recursos. 

No solamente los conventos sufrirían transformaciones debido al ataque de los franceses, sino también algunas de las ermitas que rodeaban la ciudad. Tres ermitas localizadas relativamente cerca del casco histórico de la ciudad fueron arrasadas: las de la Vera Cruz, San Marcos y San Lázaro, pasando sus bienes muebles a las iglesias de San Nicolás y San Isidoro.  De la barbarie se salvarían las ermitas del Pilar ó del Paje así como la de San Ginés (en donde se construiría el cementerio), así como otras más alejadas como las de Santa Eulalia, del Gavellar o San Bartolomé. 

A pesar de que la Guerra de la Independencia supuso un mazazo en las estructuras tradicionales de la ciudad, no lo fue tanto como otros acontecimientos políticos del siglo XIX. Me refiero a las desamortizaciones eclesiásticas de 1820 y 1836, que supondría que todos los conventos de la ciudad (con excepción de Santa Clara y las Carmelitas) fueran expropiados y vendidos en subasta pública. Ello supondría la total transformación de espacios urbanos de la ciudad, cambiando de uso algunos de estos edificios para albergar colegios, cuarteles, cárceles, etc., y, en el peor de los casos, que fueran demolidos sus viejos inmuebles por amenaza de ruina.

Parafraseando la célebre frase latina del siglo XVII: “Quod non fecerunt francesi, fecerunt ubetensi” (Aquello que no han hecho los franceses, lo han hecho los ubetenses”).   

Ya estrenado y no inaugurado

Aún no ha sido inaugurado el Torreón del Carmen, espacio que complementa la visión de las murallas de Úbeda del Centro de Interpretación localizado en el Torreón de los Caballeros, y ya encontramos pintadas en su puerta...
Al menos son pintadas típicas de Úbeda, pues no falta el tradicional ochío.
Esperemos que lo inauguren pronto, o van a tener que volver a intervenir de nuevo para limpiarlo todo!
Qué poco respeto al patrimonio de todos!

 

 

No todo fue en la guerra...

Buscando cosas en la web del Ministerio de Cultura me encontré de repente con esta bella imagen del interior de la Iglesia de Santa María de los Reales Alcázares.
Antes de esta imagen conocía otra en la que se veía la iglesia justo después de la Guerra Civil, arrasada, en bastante mal estado... esta imagen correspondería a los años 50 y se aprecia la presencia de la reja que cerraba el coro, en la que tan sólo falta la parte central (la imagen de la Inmaculada Concepción con los ángeles).


Pero el párroco -emulando a Paco Martínez Soria, con la mejor intención pero sin conocimientos sobre cómo actuar correctamente con la conservación del patrimonio-, decidió despedazar la reja del siglo XVI para cerrar varias capillas sueltas, realizar una cruz en el claustro e incluso un par de lámparas...
Y ahí está! Lástima que no se reconstruya, algo que no sería complicado... artesanos de la forja tenemos en Úbeda como para llevar a cabo dicha actuación con éxito...
Más delito tiene que los "ilustrados" hicieran a cabo la aberración qee hicieron en el templo, demoliendo las bóvedas e inventando el pastiche neomudéjar que hoy encontramos...

Casa performance

Lo contemporáneo llega a la arquitectura ubetense, y así podemos ver en esta casa de la calle Real, abierta y horadada por vigas de hierro, a medio construir.
Menos mal que está en una zona poco transitada, donde nadie la ve...

 

Otra casa que cae...

Tras muchos años de abandono, y pocas medidas para evitarlo, finalmente esta casa del siglo XVIII -localizada junto a la hornacina del Cristo del Gallo- se ha venido abajo sin que nadie diga ni mú.
Ahora está apuntalada, pero se ve poco movimiento que indique que se vaya a hacer algo para evitar su desaparición.
¿Para qué una legislación en materia de conservación de patrimonio si luego no se hace nada?
Esperemos que no la veamos sustituida por un bloque de pisos insulsos y sin personalidad, y que muy pronto se proceda a su rehabilitación.
Esperemos...

Pepe Gotera y Otilio nos guían por Úbeda...

La verdad es que si pasas despistado, no te fijas...
Llegas nuevo a la ciudad, con tu coche, buscando el hotel que tienes reservado... y vas mirando todos los carteles.
Eso sí, parece que eso no es tarea tan fácil ya que algún "lumbrera" no estuvo muy atento a la hora de poner las indicaciones... ¿o será que para ir a los museos es obligatorio que vayas andando?



La muralla de la calle Ventanas

Son muchas las viviendas decimonónicas que se construyeron sobre la muralla de la calle Corredera, hasta el punto de que ésta se convirtió en un auténtico "colador", perdiéndose numerosos tramos y quedando prácticamente oculta (no así por la calle Ventanas, en donde aún se puede seguir su perímetro, aunque en un estado lamentable, con tramos encalados y numerosas grietas).
La reforma de una vivienda en la calle Corredera -llevada a cabo por los hermanos Martos Leiva- ha supuesto la intervención en la parte trasera, procediéndose al saneamiento de la muralla y mejora de algunos elementos arquitectónicos incorporados en ella.
Aquí unas imágenes para ilustrar el cambio, confiando que próximamente sean más los trozos de la muralla que sean limpiados de cal y unidas sus grietas con mortero, para evitar posibles males posteriores.


ANTES



AHORA


Vertedero junto al callejón de Santa María

De vergonzoso se puede calificar el estado en que se encuentra un solar en la parte trasera de la iglesia de Santa María.
Demolida hace un par de años, respetando la portada, en el lugar donde antaño se ubicaba la casa se ha convertido en un lugar donde se acumulan inmundicias, basura, y la vegetación crece a sus anchas.
Más le valdría al Ayuntamiento obligar al dueño del solar el adecentar este espacio (o hacerlo él mismo, si es suya la propiedad).
Una más: suma y sigue!





Son sólo un par de monedas...

En la madrugada del pasado viernes 30 de noviembre se produjo en el Palacio Vázquez de Molina -sede del Ayuntamiento de Úbeda- el asalto por parte de unos ladrones que se llevaron una cantidad indeterminada de dinero, así como una colección de viejas monedas -posiblemente del siglo XVIII-, del que nadie sabía su existencia (bien vamos, dicho sea de paso).
El caso es que se ha creado un gran revuelo mediático por el tema del robo, especialmente de las monedas, mucho más si tenemos en cuenta el actual estado de crisis económico y penuria en que nos encontramos.



Tras el robo, se han iniciado una serie de pesquisas para saber el paradero del botín y, sobre todo, se ha iniciado el turno de palabra de nuestros "queridos" políticos que no saben más que hablar, hablar y hablar, hacerse fotos y pegarse la comilona para inaugurar cosas que todos pagamos, y después criticarse, criticarse y criticarse como niños chicos, porque esa inauguración le correspondía al otro.
La cuestión es -paso de hablar de los políticos carroñeros- es que con este robo se ha visto la inexistencia de un control de seguridad que sufre nuestro Ayuntamiento, edificio en donde además se encuentra la sede de nuestro archivo histórico municipal, sin duda uno de los mejores de España, por la calidad y continuidad de sus fondos documentales.
El ciudadano de a pie sabe de la existencia del archivo pero nos quedamos con el "ahí está". Son pocos los que lo conocen y muchos menos quienes trabajan sus fondos. Está la idea general de que el archivo es "un almacén de papelajos y polvo", en donde sólo van unos bichos raros, amantes de la historia.
Sin embargo, un archivo es mucho más. Es el depositario de la memoria colectiva, lugar donde acudir para descifrar algunos de los enigmas de nuestro pasado, algo del que luego tanto nos vanagloriamos y con orgullo enseñamos a nuestros visitantes. Y esos "bichos raros" que acuden allí son historiadores, profesionales de la memoria, que en la gran mayoría de los casos trabajan por amor al arte, por interés y casi devoción.
El Archivo Histórico Municipal de Úbeda bien merece una visita. En primer lugar por el lugar donde se encuentra en el ático del Palacio Vázquez de Molina (que mereció incluso ser escenario cinematográfico y sede de conciertos), con unas envidiables vistas que ayudan para el arduo trabajo archivístico. Sí es cierto que las instalaciones están anticuadas, que a veces se pasa frío o calor, pero es algo normal si tenemos en cuenta que cuando no hay dinero, donde primero se recorta es en Cultura... y si ya estamos recortando en Educación y Sanidad, apaga y vámonos!
Sin embargo, a pesar de que parte de sus instalaciones son mejorables y hay poco espacio para trabajar (tampoco se necesita mucho más), el valor añadido de la amabilidad de sus archiveros y la facilidad que ofrecen para trabajar suplen con creces los inconvenientes que ofrece.
Pero volvamos al tema que nos concierne, que es la seguridad del inmueble. El edificio está totalmente desprotegido, como también lo están numerosos templos de nuestra provincia, que pueden ser asaltados cualquier día para robar algunas de sus valiosas piezas artísticas.

 

Imagino que recordarán el caso del "Liber Sancti Jacobi" o "Codex Calistinus", el manuscrito de la Catedral de Santiago de Compostela, del que nadie conocía su existencia y hoy todo el mundo sabe de su existencia tras el robo y posterior devolución (protegido, eso sí, como corresponde). Se trataba de un importante documento que contenía la historia del culto del apóstol, una guía de peregrinos, así como diversos aspectos de la liturgia con dos apéndices musicales.
Pues bien, es un ejemplo claro del valor que le damos en España al patrimonio documental: cero... hasta que nos lo quitan! ¿Vamos a permitir que ésto ocurra en Ubeda?
Ahora están todos los políticos (de diverso bando) con sus "dimes y diretes", echándose la culpa en relación con la protección del Ayuntamiento. Señores políticos: no se engañen, todos tienen la culpa. En verdad, tienen la culpa de gran parte de los males de España. Así que déjense de tonterías y acusaciones banales y pónganse a trabajar de verdad o, si no quieren, váyanse (mejor nos vendría).
Preocúpense por la seguridad de nuestro patrimonio, no sólo arquitectónico-artístico, sino también del documental, pues no en vano, y aunque no les entre en la cabeza, el Archivo Histórico Municipal de Úbeda es uno de nuestros grandes bienes con los que contamos,  de gran calidad y continuidad temporal (desde la Edad Media hasta nuestros días), y como tal debemos salvaguardarlo.